Que lindos pechos que tenés, yo tengo inmunidad

Por Pilar Lonziéme

“Te van a aplastar porque estos son una manga de mafiosos, fue un error que hicieras la denuncia”, le aconsejó el jefe a Susana Mendaro en uno de los pasillos del Banco Mundial en 1979, después de que denunciara en el banco un hecho de acoso sexual. Para la tranquilidad de organismos internacionales, en 2011 nada cambió.

“Tenía que ir en una misión a los estados petroleros de México y mi entonces jefe armó un grupo de amigos y una asistente. Yo era la única que no conocía a los otros miembros de la misión, me habían metido de regalito, no me daban trabajo. Llegó el fin de semana, yo tenía planeado visitar a unos amigos en Ciudad de México. Cuando le informé a mi jefe me respondió: “No, de ninguna manera. Yo te necesito acá”. Le pregunté para que me necesitaba si no me había dado trabajo en todo el viaje y él me dijo: “Yo te necesito acá por favor no más preguntas”. Entonces me quedé en la ciudad de Quetzalcoatl, con el jefe, un amigo de él que había sido contratado para el viaje y la asistente de la misión. A los demás los mandaron a la ciudad de México para que paseen y hagan lo que quieran. El sábado a la mañana fuimos los cuatro a Villa Hermosa, una ciudad cercana y cuando estamos llegando al hotel estaba muy enojada, me importaba muy poco el trabajo. Cuando llegamos al bar del hotel, el amigo me dice: “Vos hacés muchas preguntas; vamos a conversar y, mientras yo te explico, tomá un resfresco, calmate”. De repente se tiró encima mío, me manoseó y me dijo “que lindos pechos que tenés”. Me levante rápido y fui directo a la habitación del jefe y le expliqué lo que había pasado, pero él me dijo que eso era imposible y me ignoró al igual que cuando hablaba en una reunión de trabajo. Indignada le respondí que podía reportar lo que quisiera, me tomé un avión a la capital y me fui. El lunes a la mañana en Quetzalcoatl, todos actuaban como si nada hubiese pasado”.

De vuelta en  Estados Unidos, el amigo del jefe se desvaneció y Susana Mendaro hizo una denuncia en el departamento de Proyectos Urbanos del Banco Mundial y la respuesta fue inmediata: esas cosas no pasan en el banco mundial y aunque así fuera las señoritas no lo reportaban. Antes del viaje, Susana Mendaro tenía intenciones de seguir trabajando; iba a ser promovida al departamento de Implementación de Proyectos, pero su contrato nunca fue renovado y ella dejó de trabajar en el banco tres meses después. “Nunca criticaron mi trabajo, mi jefe explicó en un informe que no tenía problemas con mi trabajo pero si con mi personalidad”.

 

Imputable pero inmune

El Women´s Legal Defense Found (Fondo de ayuda legal para mujeres) trabajó con Susana para hacer la denuncia a la  Equal Employment Opportunity Commission (Comisión de Igualdad de Oportunidades para los Derechos Civiles). La comisión tomó la denuncia, pero no se contactó con el Banco Mundial, porque al ser una organización internacional, es inmune a la legislación que sí deben respetar otras empresas.

Ningún colega se acercó a Susana para preguntarle sobre el hecho: “El único que me advirtió o aconsejó fue mi jefe, cuando me advirtió que había cometido un gran error, porque los directores, o sea sus jefes y colegas, eran unos mafiosos. Las mujeres se escondieron abajo del escritorio”.

Jamie Gorelick fue la abogada recomendada por el fondo de ayuda que dio vuelta el curso de la causa. Cuando apelaron a la corte en 1983, Gorelick argumentó que si el Banco Mundial había rechazado su inmunidad al vender sus bonos a particulares, no podría tenerla para las razones de empleo: “Fue muy gracioso porque nosotras erámos dos y el banco había llevado cincuenta abogados. Parecía un mensaje a cualquier mujer que quisiera denunciar un abuso”.

Para el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y otras instituciones no corren las mismas reglas que para una empresa común, después de pasar mucho tiempo investigando y gastando dinero, en septiembre del 83 la Corte desestimó la apelación “Susana Mendaro vs. the World Bank”.

Después del rechazo judicial, Susana dio entrevistas al New York Times y difundió el hecho; lo que generó que el banco contrate a una abogada para que investigue qué pasaba puertas adentro.  “Me llamaron para que testifique, argumentando que me estaban dando una oportunidad; pero otra gente del banco me anticipó que era todo una fachada, que la investigación estaba armada, y no participé”. El reporte final de la investigación explicaba que podría darse una situación de esas condiciones, pero que se trataba de hechos “no sancionables”.

Susana se sintió frustrada, pero nunca tuvo miedo, incluso después de recibir una amenaza. Su jefe siguió trabajando en el Banco Mundial y su amigo en Sudamérica. Ella nunca volvió a tener noticias de ellos.

 

No hay que ser cobarde

Hoy, Mendaro tiene su negocio inmobiliario y se espanta de la constancia de las reglas en los organismos internacionales: “El New York Times sacó una nota muy buena, que muestra que lo que les pasa a las mujeres hoy en el FMI es lo mismo que pasaba hace 25 años, no puedo creer que no se haya evolucionado en estos años.”  El mismo artículo asegura que las mujeres que trabajan en el organismo visten siempre pantalones y no usan pollera, por miedo a que las manoseen.

“La diferencia entre el caso del FMI y el mío es que yo fui contra el Banco Mundial, mientras que la chica denunció a Dominique Strauss Kahn, quien estaba en Nueva York por motivos personales y no tenía inmunidad. Pensar si le hicieron una cama o no, es especulación”.

Para Mendaro, parte del problema del acoso “somos las mujeres, porque si no te gusta como te tratan, hablás y te buscás otro trabajo”. Concluye: “Las mujeres no tienen que ser cobardes, tienen que denunciar las cosas que pasan. Y si te rajan, te rajan. La vida continúa”.

 

 

Comments

  1. Mario says:

    Yo te admiro por Tu valentia al denunciar esas alimanas y estos casos no queden en la obscuridad

  2. Anónimo says:

    Para el caballero o la señora misogino-a que considera que las mueres demuestran ser más vívoras, yo le pregunto si fue parido por un melón, o si acaso los índices de violencia de género son inventados, o si él sería capaz de minimizar un acto de acoso sexual porque lo considera natural… lamento mucho que piense eso de las mujeres, debe ser un mundo muy resentido el que usted ve con esos ojos.

  3. Anonymous says:

    En España crece abismalmente las denuncias de “falsos phishing” por parte de compañeras a compañeros para saltarselos y si les echan pues mejor.
    La mujeres no dejan de aprovecharse tampoco de su posición de “mujer” y cada vez demuestran ser más ……….. vívoras sería la palabra?

    • juan manuel says:

      Amigo, que pena das al genero masculino. Se habla como se piensa: repara en como se escribe la palabra que por error y sin duas, por ignorancia, has escrito para referirte a las mujeres.
      Espero pronto veas tu error…serás mas féliz.

      Los viperinos, VÍBORAS o áspides (Viperinae) son una subfamilia de serpientes, que junto con los crótalos (subfamilia Crotalinae), forman la familia de los vipéridos (Viperidae).

  4. liliana says:

    excelente nota!Creo que nuestra heroína la pifia en el final…pero vale!

  5. Melina says:

    Muy buena la nota…todo èsto tiene que saberse, ojala que las cosas cambien, es vergonzoso.

  6. juan manuel says:

    excelente nota…!!! y tiene un remate realista y verdadero…muy bien…