Milagros y miserias de Milagro

Por Anselmo Netchuck

La misma billetera de la Nación que abastece a Sueños Compartidos sirve en Jujuy para transformar villas miseria en barrios dignos. Pero no es poco el precio que pagan sus habitantes por vivir bajo la tutela de su líder, Milagro Sala.

 

 

 

Nadie podría asegurar que San Salvador de Jujuy es fea, con esas montañas y ríos con lecho de piedra que le dan marco, con construcciones señoriales como su Catedral o la Casa de Gobierno. Lamentablemente también hay demasiados edificios de doce pisos estilo monoblock, desde un hotel hasta departamentos de viviendas de 800.000 pesos, toda una fortuna para las valuaciones inmobiliarios de la ciudad. En Buenos Aires, en Rosario, en Lomas de Zamora, medio palo verde ya no alcanza para comprar un semipiso bien ubicado. Aquí en Jujuy, con la misma plata, todavía se puede hacer un desparramo.

 

No es una cuestión menor la de la vivienda en esta provincia de apenas 700.000 habitantes. En el conurbano bonaerense, por ejemplo, Scioli y su jefa Cristina Fernández aseguran haber construido 100.000 viviendas sociales en los últimos siete años, mucho más que cualquier gobierno anterior. El problema radica en que el déficit habitacional del Conurbano es de 500.000 viviendas. A este ritmo, los cincuentones Scioli y Cristina deberían pasar holgadamente la barrera de los 80 años sin moverse del poder  antes de poder pagar esa inmensa deuda social. Es probable que ganas no les falten, al menos en lo que respecta a seguir mandando a los demás.

 

En Jujuy, en cambio, las villas miseria ya no abundan. Es verdad que el casco urbano de San Salvador es pequeño, apenas un puñado de manzanas rodeadas por los ríos Xibi Xibi y Grande, y que tras las vías abandonadas del ferrocarril Belgrano se alza un asentamiento que equivale a la vigésima parte de la Villa 31, pero que resulta enorme para esta pequeña ciudad. Pero el panorama era mucho más desolador hace diez años, durante la crisis de 2001-2002. No es que en Jujuy haya menos pobres que diez años atrás, pero una porción generosa de esos pobres, unas 20.000 personas en una provincia que en total tiene 700.000 habitantes, hoy tienen una casa digna donde vivir.

 

Esas casas se las proporcionó Milagro Sala. No importa que la plata haya salido del Estado ni que el costo de esas viviendas haya sido las viviendas en sí, mas la flota de autos y casas en barrios caros donde viven Salas y sus colaboradores más íntimos.

 

El hecho es que decenas de políticos, radicales y peronistas, viven igual o mejor que Sala desde hace 25 años sin haber movido un solo dedo a favor de esas decenas de miles de desposeídos. Y La Flaca, como le dicen sus allegados, entendió que su negocio político era dar a su gente lo mismo que aspiraba para ella misma: techo digno, una cuota nada desdeñable de confort y mucha entrega personal, haciéndose ver desde temprano en los barrios o en la sede de la Asociación Túpac Amaru, un moderno edificio de seis pisos en pleno centro de San Salvador.

 

 

Yo, la peor…y la mejor

Milagro Sala es objeto de las peores denuncias, se ha dicho de ella hasta que torturó a hijos de sus enemigos políticos. No es broma, esa acusación consta en una denuncia judicial que presentó contra ella René “Cochinillo” Arellano, un piquetero y matón que trabajaba a su lado y se le dio vuelta para ir a testimoniar en su contra y a favor del senador nacional Gerardo Morales.

 

Pero La Flaca transformó las villas miseria en barrios decentes, bien hechos, barrios obreros, como se enseñaba en los libros de Geografía de primer año de la secundaria.

 

Son 5.000 casas, desde 2003 hasta hoy. Unas 2.500 están en Alto Comedero, un cerro a 15 kilómetros de Jujuy donde hay una enorme cantidad de personas (70.000) y barrios. Los barrios a la entrada del cerro, construidos por empresas constructoas u otras organizaciones sociales, son horribles conjuntos de casas hechas con bloques de piedra, grises, o con la típica eficiación precaria de las villas..sólo que allí no hay villas miseria. Y cuando finalmente se llega al barrio “Túpac”…bueno, para empezar, hay que atravesar una barrera custodiada. Luego se entra a una ladera donde hay erigido un altar quechua, con una gigantesca estatua del Inca, que mira hacia las hileras donde se erigen las 2.500 casas. Casa pintadas en colores vivos, de 50 metros cuadrados, con tanques negros con la imagen de Túpac Amaru y el Che Guevara bendiciendo sus aguas. Bajo una calle divisoria corre un arroyo entubado, en tres tubos de dos metros de diámetro cada uno, y hacia uno de los lados hay casas que funcionan como escuelas primaria, secundaria y terciaria.

 

Pero entre el Inca y todas esas casas falta lo mejor: el parque acuático. Una pileta de casi una hectárea de superficie corona un centro polideportivo con cancha de básquet con tribuna y plaza. Hay un centro de salud para atención primaria, con una sala para internación, y una escuela para chicos con dificultades que comienza a ser un caso piloto en toda la provincia.Y un poco más allá, una iglesia católica, que como el resto de las casas es tan sobria que más bien parece un templo protestante.

 

Para vivir en ese sitio, trasplantado desde alguna villa, la cuota ronda los 180 pesos por mes. Menos de lo que cuesta la compra más tacaña de supermercado, para abastecer la comida de una semana de una familia de cuatro integrantes.

 

 

El precio

Otro precio, dicho sea de paso, es que Milagro exige para entregar “sus” casas que todos sus habitantes trabajen ocho horas diarias y luego vayan a la escuela. Eso sí que es tortura, joder.

 

¿Ese es el único precio? Por cierto, no. Hay testimonios coincidentes en que las exigencias de Sala llegan, precisamente, hasta la mismísima sala de cada casa que ella o su gente entregan.

 

No es menos cierto que aquella persona que por cualquier circunstancia se aleja de la organización pierde el derecho a la propiedad. “Incluso una vez adjudicada, las familias tienen que soportar el arreo a las marchas, viajes sorpresa a Bs. As, a cualquier momento del día y sin lugar a oposición, y hasta que se inmiscuyan en su vida privada, como la sugerencia de que mobiliario comprar o no”, aportó un testigo de esas movidas, un señor de clase media de la ciudad de Jujuy que supo acercarse al movimiento. “También que los cabecillas de la Tupac Amaru se encarguen de la seguridad del barrio y otras cuestiones que hacen que adquirir una vivienda por medio de la organización  sea una forma de lealtad absoluta a la señora Sala y su movimiento”.

 

Otra demostración de la ausencia del Estado en ese mundo: la administración de Justicia, que Milagro Sala aplica con mano propia. Hay una serie de cosas que Milagro Sala trae de su traumática infancia: una es el berretín por el confort de la clase media, traducido en piletas de todo tamaño en los nueve barrios jujeños donde está la Túpac. Pero si “la Flaca” se llega a enterar de que en el barrio hay un marido golpeador, ella lo resuelve mandando a golpear a ese marido, u obligando al agresor a soportar que la supuesta víctima lo golpee.

 

El testimonio, aportado por un licenciado en ciencias políticas de la ciudad de Jujuy, sería válidamente horroroso si se estuviera describiendo la conducta de un vecino de Barrio Norte. ¿Pero se puede aplicar la misma lógica de incomprensión hacia una líder que armó una red para gente que en no poca proporción tenía al paco y el raterío callejero como única meta? Ese es otro matiz del fenómeno Milagro: metió a 20.000 personas en un programa de vida intensivo que podría llamarse “ahora sí tengo dignidad”. Esas 20.000 personas ahora trabajan en programas sociales, a veces tienen que ir a manifestar y a veces tendrán que ir a tirar piedras aunque no tengan ganas. Es probable. Pero el conurbano bonaerense está poblado por dos decenas de municipios con el mismo estilo clientelista, sin que por ello sus beneficiarios puedan irse de una buena vez de la villa.

 

 

 

Comments

  1. Alberto says:

    Mas de la mitad de lo que se escribe aquí no es cierto, se ve que la persona que lo hizo jamás vivió en Jujuy, y no tiene puta idea de su realidad social, politica y económica.