Marquevich, de la cocaína “strawberry”al olimpo K

Por Adalberto Trotta

El ex juez federal de San Isidro, alabado por la prensa oficialista por haber encarcelado en 2002 a la directora de Clarín, acumulaba para entontes más de 30 pedidos de juicio político y denuncias por coimas.

En todos estos últimos meses de guerra, ya van tres años, entre el Gobierno y el Grupo Clarín hubo un dato de naturaleza inocultable pero que sin embargo pasó casi desapercibido.  El llamado “periodismo militante” -esto es los colegas adscriptos sin tapujos ni filtros al kirchnerismo y los medios enrolados en esa línea- ensalzaron cual monja descalza la figura de un ex juez por demás cuestionable, denunciado por “coimero” y defenestrado por sus propios colegas, no sólo “off the record” sino en fallos públicos.

Nos referimos a Roberto José “Tito” Marquevich, quien a principios de siglo era aún juez federal en San Isidro y dispuso encarcelar a la directora de Clarín, Ernestina Herrera de Noble, por la supuesta apropiación ilegal de sus dos hijos adoptivos durante la dictadura militar, cuestión que todavía se discute en la Justicia. Esa decisión –encarcelar a la jefa del principal grupo mediático nacional- fue la que en definitiva llevó a Marquevich a perder su cargo, por arbitrariedades varias en su actuación en esa causa, según determinó el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados de la Nación en su fallo del 8 de junio de 2004. Néstor Kirchner llevaba un año y dos semanas de Presidente. El fiscal acusador por el Consejo de la Magistratura era un senador menemista luego devenido kirchnerista, Jorge Yoma, actual diputado nacional  enrolado en el kirchnerismo.

Vueltas de la vida, esa misma decisión fue la que menos de una década después le dio inesperadamente al destituido magistrado la revancha que ahora lo deposita en el heterogéneo Olimpo K. En los últimos meses –ya más de un año- a Marquevich se lo pudo escuchar en emisiones radiales prokirchneristas, ver en las cámaras de la Televisión Pública –especialmente en el programa 6,7,8- y leer en entrevistas de medios gráficos afines al oficialismo como los diarios El Argentino y Tiempo Argentino, beneficiarios principales de la publicidad oficial. En ninguno de ellos se mencionaron los chanchullos que habían puesto al ex magistrado en la picota antes de decidir lo que decidió sobre Herrera de Noble. Típico del kirchnerismo, los kirchneristas y el fallecido Néstor Kirchner: acomodar la historia a sus intereses.

 

Una foja manchada

Mal que le pese al “periodismo militante”, la foja de servicios de Marquevich ya venía manchada antes del “affaire Clarín”, especialmente en el rubro “pedidos de coima”, dato que fue obviado en la propaganda oficial de los últimos meses. Los “chanchullos” previos de Marquevich quedaron fuera de la sentencia del Jurado por una cuestión técnica (no habían alcanzado los votos para acusarlo como así tampoco para sobreseerlo en el Consejo de la Magistratura) y seguramente por razones políticas con él negociadas. Pero allí están sus “manchas”·, en el archivo, los expedientes judiciales y las centenares de fojas de denuncias contra él acumuladas.

El ex magistrado llegó a acumular alrededor de treinta pedidos de juicio político por  denuncias tan disímiles como presuntos pedidos de coima a empresas a las que investigaba por la presunta contaminación del río Reconquista (pinturerías y hasta empresas de transporte) o supuestas arbitrariedades en el desalojo de la quinta presidencial de Olivos de Zulema Yoma, la esposa de Menem cuando éste gobernaba.

También quedaron en el olvido las acusaciones por supuesto mal desempeño en la investigación de la muerte del ex titular de la Aduana, Aldo Etchegoyen, en un supuesto caso de suicido que para sus familiares no fue tal. Era la época de la influencia de Alfredo Yabrán en los aeropuertos. Es más, el propio magistrado llegó a ser acusado de haber trabajado para Yabrán, el empresario emblema del gobierno de Menem que apareció muerto en su campo de Entre Ríos cuando la Justicia lo acusaba de haber sido el instigador del homicidio del fotógrafo José Luis Cabezas, ocurrido en 1997.

Además, Marquevich fue acusado por la desaparición de plata del juzgado a su cargo, el mismo al que había llegado por un decreto de Menem en 1990 y en el que sucedía a otro polémico pero incólume magistrado, Alberto Piotti, más afecto que él a las cámaras de televisión.

Marquevich fue también el magistrado que abrió de madrugada las puertas de su juzgado para tomar la declaración a las “modelos” que denunciarían las arbitrariedades de su colega de Dolores, Hernán Bernasconi, en la “causa del jarrón” que llevó preso al empresario futbolístico Guillermo Coppola. Bernasconi, dicho sea de paso, también perdió su cargo.

Pero el caso quizá más escandaloso en el que intervino Marquevich fue la llamada “Operación Strawberry”, el mayor decomiso de cocaína para esa época. Se trató de un operativo armado por la Secretaría de Inteligencia (ex SIDE) que, a posteriori, terminó desnudando los vínculos de Marquevich con la central de los espías, el ex comisario de la Policía Bonaerense Mario Naldi y el omnipresente director de Contrainteligencia Antonio Horacio “Jaime” Stiusso.

La causa que impulsó Marquevich terminó  anulada por el tribunal oral al que le tocó juzgar a los acusados, quienes terminaron todos absueltos. El fiscal de la causa dijo que “la investigación (de Marquevich) fue vergonzosa” y que se trató de una “entrega vigilada” en la que desapareció gran parte de la cocaína que había sido incautada y en la que sólo fueron detenidos los “perejiles”. En términos policiales, se trató de “una mejicaneada”.

 

Justicia y política

 

No está de más recordarlo, y hasta es necesario. Marquevich decidió encarcelar a la directora de Clarín en diciembre de 2002, durante la campaña electoral de la presidencial de 2003 convocada de apuro por el senador transitoriamente a cargo de la Presidencia de la Nación Eduardo Duhalde tras los homicidios de los piqueteros Maximiliano Kosteki y Darío Santillán a manos policiales durante una protesta callejera contra la desocupación en el Puente Pueyrredón.

Para el momento en que las acusaciones contra Marquevich se acumulaban en el Consejo de la Magistratura, el ex presidente Carlos Menem iba por la reelección y estaba enemistado con el Grupo Clarín por haber tenido que ir un año y medio atrás a la cárcel por decisión del por entonces juez federal Jorge Urso, otro cuestionado magistrado también acusado en el Consejo de la Magistratura pero que en este caso quería quedar bien con el gobierno de ese entonces, a cargo de Fernando de la Rúa. En rigor, el encarcelamiento de Menem se trató de un cómodo semestre en la casaquinta de su amigo y ahora también procesado ex titular de la Casa de Moneda Armando Gostanian. En ese lapso Menem se casó con una ex Miss Universo, la chilena Cecilia Bolocco, y hasta se hizo veterano papá, como pronto ocurrirá, también en plena campaña electoral, con el jefe de Gobierno porteño que va por la reelección, Mauricio Macri.

El enojo de Menem con Clarín era por las noticias que ese diario publicaba sobre la irregular venta de armas a Ecuador y Croacia durante su gobierno, un presunto caso de contrabando que ahora lo puede llevar a prisión, en un par de meses más, si es que los fueros de senador no lo amparan. El había firmado los decretos que permitieron la triangulación de las armas a países a los que la Argentina estaba vedada de proveer material bélico. Y lo acusaron de ser el jefe de una asociación ilícita. Un fallo de la Corte Suprema le devolvió la libertad al recaratular el caso pero el juicio siguió bajo la acusación de contrabando y ahora lo tiene a él cerca de una condena.

Menem era el favorito en esa elección –de hecho fue el más elegido en la primera vuelta- y tenía influencia sobre los políticos que integraban el Consejo de la Magistratura. Luego desistió del ballottage ante la elocuencia de las encuestas. Así llegó a la Presidencia el ignoto gobernador santacruceño Néstor Kirchner. Pero esa es otra historia. Nuestra historia indica que Marquevich encarceló a la directora de Clarín por conveniencia política y para salvarse del juicio político, porque creía que Menem volvería a ser presidente y podría ayudarlo a zafar del juicio político y así él preservaría su cargo de impoluto magistrado de la Nación. Lo mismo había hecho cuatro años antes, ante las primeras denuncias en su contra y cuando decidió dar otro golpe mediático: encarcelar al ex dictador Jorge Videla en otra causa de presunta apropiación ilegal de hijos de desaparecidos.

 

Comments

  1. Anónimo says:

    No me extraña nada de esto. ¿Pero por qué publicarlo justo ahora? ¿Será para “acomodar la historia a sus intereses”?

  2. sigfrido says:

    no me extraña, el kircherismo, la mentira mas grande de los últimos tiempos, está construido a base de menemismo y corruptos.