Muertos más, muertos menos.

Por Gareth Porter y Shah Noori*


Naciones Unidas notificó sólo una fracción de las muertes civiles ocurridas durante los operativos de Estados Unidos en Afganistán el año pasado. Las personas asesinadas no serían 80, tal como informó la ONU, sino que podrían superar las 400.

WASHINGTON/KABUL, 17 de marzo de 2011 (IPS) El número de civiles asesinados durante los allanamientos efectuados por las Fuerzas de Operaciones Especiales (SOF) de Estados Unidos el año pasado probablemente haya sido superior a la cifra 80 que indica un informe elaborado por la Organización de Naciones Unidas (ONU) publicado la semana pasada sobre la situación de los civiles en Afganistán.

 

La investigación de Inter Press Service (IPS) reveló también que en el informe sobre los ataques de las SOF no se aplican las normas legales de derecho humanitario para definir a un civil, que sí se utilizan para contabilizar los asesinatos cometidos por talibanes.

 

El reporte del 9 de marzo, producido por la unidad de Derechos Humanos de la Misión de Asistencia de Naciones Unidas en Afganistán (UNAMA) en conjunto con la Comisión Independiente de Derechos Humanos (AIHRC) de Afganistán, señala que un total de 80 civiles murió durante “operaciones de búsqueda y captura” de las “Fuerzas Pro-gobierno” en 2010.
Pero el delegado de la AIHRC, Nader Nadery, le informó a IPS que esta cifra representa sólo el número de muertes civiles ocurridas en los 13 incidentes que involucran a las unidades SOF, los cuales la Comisión pudo investigar a fondo.

 

Nadery dijo que la Comisión Independiente recibió demandas de la población local por bajas civiles durante otros 60 episodios de allanamiento y actividades de las fuerzas especiales: “No las incluimos en el informe, porque no hemos podido reunir la cantidad exacta de víctimas, lo que lleva tiempo”.

Según Nadery, la AIHRC continúa investigando los 60 eventos y en el futuro presentará un informe sobre los resultados.

El informe del nueve de marzo hace referencia a los “60 incidentes de incursiones nocturnas que ocasionaron víctimas civiles”, pero no informa al lector que sólo una fracción del supuesto total de víctimas fue incluida.

Al menos uno de los 13 incidentes investigados por la Comisión Afgana Independiente incluye un ataque aéreo realizado por una unidad de las SOF. Las 80 muertes ocasionadas en, como máximo, 12 episodios sugiere un promedio de al menos siete víctimas por incidente.

 

Si lo investigado es representativo del total de 60 incidentes de incursiones nocturnas de las SOF, sobre los cuales se generaron las denuncias civiles, el número final de civiles muertos sería cercano a 420.

 

El informe de 2010 de la UNAMA-AIHRC reporta un total de 406 asesinatos de civiles en manos de “Elementos anti-Gobierno”.

Pero el informe de la UNAMA-AIHRC utiliza una definición de derecho humanitario estricta en lo referido a “civiles” víctimas de asesinato por parte de “Elementos anti-Gobierno” que no fue aplicada para las víctimas de las redadas nocturnas de Estados Unidos.

“Si los soldados afganos que están viajando de un lugar a otro, de vacaciones, sin armas y sin uniforme, son asesinados, son contados como civiles al igual que los policías”, afirmó Nadery a IPS.

Según Nadery, los Alcaldes y jefes de distritos que participan con los comandantes militares de la OTAN en la planificación militar también fueron considerados las víctimas civiles.

Sin embargo, una gran proporción de los muertos considerados “talibanes” en las redadas nocturnas de las SOF, también podrían considerarse civiles bajo esta definición.

Antes de su renuncia en 2009, Matthew Hoh, un ex alto funcionario de servicios extranjeros de Estados Unidos en la provincia de Zabul, estaba familiarizado con los objetivos de los ataques de las SOF para matar o capturar. Hoh le dijo a IPS que la lista incluye a cualquier afgano de la red de los talibanes, incluyendo los que no cumplen funciones de combate: a los propagandistas y a los trabajadores que preparan los artefactos explosivos improvisados.

 

Denise Lifton, jefa del equipo de UNAMA reconoció que no se había hecho ningún esfuerzo para determinar en el informe qué posiciones ocupaban los asesinados durante los ataques de Estados Unidos: “En si, no hemos analizado las funciones que ejercían aquellos, [que están] acusados de ser talibanes que son ejecutados “, escribió en un correo electrónico a IPS.

 

Generalmente, las operaciones nocturnas matan a los talibanes en sus propios hogares, fuera del contexto de una operación militar.

 

Si el criterio de derecho humanitario utilizado para contabilizar las víctimas de asesinatos cometidos por talibanes fuese aplicado al objetivo de las operaciones nocturnas de las SOF, las víctimas de esos homicidios deberían ser consideradas como muertes civiles.

 

Según lo informado por Reuters el 24 de febrero, las Fuerzas de Operaciones Especiales de Estados Unidos reconocen como resultado de las redadas nocturnas sólo 38 bajas civiles, incluyendo muertos y heridos.

 

Sunset Belinsky, portavoz de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF), insistió en un correo electrónico enviado a IPS que las redadas son “manejadas por inteligencia”, y que “se realiza un proceso riguroso para identificar a los objetivos”.

 

Pero a pesar de Belinski reconoció a IPS en septiembre del año pasado que el total de 1.355 insurgentes “capturados” en las redadas de mayo a julio de 2010 incluía “presuntos insurgentes”, fue incapaz de proporcionar alguna cifra sobre cuántos de los 1.355 detenidos fueron puestos en libertad.

Belinski tampoco respondió esta semana a una petición de IPS, sobre qué proporción de los capturados en 2010 había resultado no ser insurgentes.

 

La persistente negación de la ISAF, comandada por el General David Petraeus, a divulgar esa información sugiere que se trataría de una proporción muy alta de varios miles de afganos asesinados el año pasado como “talibanes” quienes eran en realidad partidarios civiles o simplemente víctimas de errores de identificación o de una inteligencia maliciosa.

 

El notable aumento del número de operaciones nocturnas llevadas a cabo por el general Stanley McChrystal, comandante de la ISAF hasta junio de 2010, y el aumento aún más espectacular de los ataques en Petraeus en 2010, plantearon serios interrogantes acerca de cómo los militares de Estados Unidos podrían evitar un masivo aumento de víctimas talibanes con funciones no militares y de personas con conexiones secundarias a la insurgencia.

 

Según una documentación publicada por Wikileaks en julio del año pasado sobre la guerra de Afganistán, la lista de objetivos de los taques nocturnos de las SOF en octubre de 2009 -llamados “Conjunto Priorizado de Lista de Efectos (JPEL)”- incluía 2.058 nombres. Esta lista sirvió de base para conseguir un promedios de 90 ataques al mes hacia fines de 2009 – un enorme aumento si se parte de los 20 ataques mensuales que se realizaban seis meses antes.

 

Significativamente, en ese momento, el general Petraeus advertía a la Casa Blanca sobre los peligros de la estrategia de apoyarse en más ataques de las SOF: “Simplemente hay un límite para el número de objetivos precisos, que se obtienen en cualquier momento…”, dijo Petraeus, según cuenta el libro de Bob Woodward “Las guerras de Obama”.

 

Sin embargo, desde mayo hasta julio de 2010, según cifras de la ISAF, las unidades SOF pusieron en marcha 3000 ataques nocturnos – 50 veces más que el año anterior – en el que informaron haber ejecutado a más de 1.100 “líderes talibanes” y ” sus bases” .

 

Según Matthew Hoh, los ataques se multiplicaron por diez, lo que significa un aumento similar en el tamaño de la lista de objetivos, esto no habría podido llevarse a cabo sin un debilitamiento dramático de los criterios, ya eran muy blandos, para incluir a alguien en el JPEL, según Matthew Hoh.

 

“Los comandantes están bajo presión para encontrar los objetivos de estos ataques, que se han convertido en un indicador de éxito”, dijo Hoh a IPS. Además vinculó la ampliación de los criterios de selección de la CIA con la obtención de una latitud mucho mayor para la focalización de los ataques aéreos en el noroeste de Pakistán a principios de 2008; esto hace que la lista incluya desde un puñado de líderes de Al Qaeda hasta prácticamente cualquier persona mínimamente asociada con Al Qaeda o los talibanes.

 

Hoh marcó que un resultado de los esfuerzos frenéticos para ampliar la lista de objetivos está ligado al creciente uso de datos de inteligencia provenientes de individuos o enemigos tribales.

Aquel parece haber sido un factor clave en el asesinato del primo del presidente Hamid Karzai, Yar Mohammad Karzai, durante una incursión nocturna en el hogar ancestral de Karzai el nueve de marzo en la provincia de Kandahar. Los invasores también se llevaron a su hijo con una bolsa negra en la cabeza.

 

Durante años, Yar Mohmmad Karzai dijo a sus familiares que temía que otro primo del presidente, Hashmat Karzai, que dirigió una empresa de seguridad por años y luego se postuló para el Parlamento sin éxito, intentase organizar un ataque de Estados Unidos en su contra, brindando información falsa a los estadounidenses.

*Shah Noori informó desde Kabul.

* Gareth Porter es historiador y periodista especializado en política de seguridad nacional de Estados Unidos. Su último libro, “Peligro de dominio: Desequilibrio de poder y el camino hacia la guerra enVietnam”, fue publicado en 2006.

 

Traducido por María del Pilar  Gonzalez Lonzieme

 

 

 

NOTA ORIGINAL

U.N. Reported Only a Fraction of Civilian Deaths from U.S. Raids
By Gareth Porter and Shah Noori*

WASHINGTON/KABUL, Mar 17, 2011 (IPS) – The number of civilians killed in U.S. Special Operations Forces (SOF) raids last year was probably several times higher than the figure of 80 people cited in the U.N. report on civilian casualties in Afghanistan published last week, an IPS investigation has revealed.

The report also failed to apply the same humanitarian law standard for defining a civilian to its reporting on SOF raids that it applied to its accounting for Taliban assassinations.

The Mar. 9 report, produced by the Human Rights unit of the United Nations Assistance Mission in Afghanistan (UNAMA) jointly with the Afghanistan Independent Human Rights Commission (AIHRC), said a total of 80 civilians were killed in “search and seizure operations” by “Pro-Government Forces” in 2010.

But AIHRC Commissioner Nader Nadery told IPS the figure represented only the number of civilian deaths in night raids in the 13 incidents involving SOF units that the Commission had been able to investigate thoroughly.

Nadery said the AIHRC had received complaints from local people alleging civilian casualties in 60 additional incidents involving raids and other activities by Special Forces. “We did not include them in the report, because we were unable to collect the exact figures for casualties, which takes time,” Nadery said.

The AIHRC is continuing to investigate those 60 events, according to Nadery, and will report on the results in the future.

The Mar. 9 report refers to “60 incidents of night raids that caused civilian casualties”, but does not inform the reader that only a fraction of the total casualties alleged in those incidents were counted in the total.

At least one of the 13 incidents investigated by the AIHRC was an air strike called by an SOF unit. The 80 deaths from at most 12 incidents or less would suggest an average of at least seven civilians killed per incident.

If the sample of night raids investigated is representative of the total of 60 incidents of SOF night raids about which civilian casualty complaints were generated, the total number of civilians killed would be around 420.

The UNAMA-AIHRC report shows a total 406 killings of civilians by “Anti-Government Elements” reported for 2010.

But the UNAMA-AIHRC report uses a strict humanitarian law definition of “civilian” in regard to victims of assassination by “Anti-Government Elements” which was not applied to victims of U.S. night raids.

“If Afghan soldiers travelling from one place to another, on holiday, with no weapon and no uniform, are killed, we count them as civilians, and the same with policemen,” Nadery told IPS.

Mayors and district chiefs, who participate in military planning with NATO military commanders, were also considered civilian victims of assassination, according to Nadery.

A large proportion of those killed as “Taliban” in SOF night raids, however, would also qualify as civilians under this definition.

Matthew Hoh, formerly the senior U.S. foreign service officer in Zabul province before his 2009 resignation, was familiar with the target list for SOF kill or capture raids. He told IPS the list included Afghans holding every kind of non-combat function in the Taliban network, including propagandists and workers who make Improvised Explosive Devices (IEDs).

UNAMA team leader Denise Lifton conceded that the report had made no effort to ascertain what positions had been occupied by those who had been killed in U.S. raids. “We have not looked at the functions, per se, of those [who are] accused of being Taliban and are killed,” she said in an e-mail to IPS.

Night raids generally kill Taliban personnel in their own homes, and thus outside the context of a military operation.

If the same humanitarian law criterion used in counting victims of Taliban assassinations were applied to the alleged Taliban targeted in SOF night raids, the victims of killings during those raids would have to be considered civilian casualties.

U.S. Special Operations Forces acknowledge only 38 civilian casualties, including killed and wounded, as a result of night raids, as reported by Reuters Feb. 24.

Sunset Belinsky, a spokesperson for the International Security Assistance Force (ISAF), insisted in an e-mail to IPS that such raids are “intelligence driven”, and that “there is a rigorous process involved in identifying targets”.

But although Belinsky acknowledged to IPS last September that the total of 1,355 insurgents “captured” in the raids from May through July 2010 included “suspected insurgents,” she was unable to provide any figures on how many of those 1,355 had later been released.

Belinsky did not respond directly to a request from IPS this week for the information on what proportion of insurgents captured in 2010 had turned out not to be insurgents.

The continued refusal of ISAF, under the command of Gen. David Petraeus, to release that information suggests that it would reveal a very high proportion of the several thousand Afghans killed last year as “Taliban” were simply civilian supporters or victims of misidentification or a malicious intelligence tip.

The remarkably sharp rise in the number of night raids carried out by Gen. Stanley McChrystal, ISAF commander until June 2010 – and the even more spectacular increase in the raids under Petraeus – in 2010 raises serious questions about how the U.S. military could avoid a massive increase in the killing of individuals with non-military functions in the Taliban as well as people with only tangential or no connection to the insurgency.

According to a document from the Afghanistan war logs released by Wikileaks last July, in October 2009, the target list for SOF night raids, called the Joint Prioritized Effects List (JPEL), included 2,058 names. That list provided the intelligence basis for a pace of some 90 raids per month in late 2009 – a huge increase from the 20 per month just six months earlier.

Significantly, at that moment, Gen. Petraeus was warning the White House against a strategy of relying on more SOF raids and a smaller conventional force footprint. “There’s just a limit to how many precise targets you have at any one time…,” Petraeus said, according to the account in Bob Woodward’s book “Obama’s Wars”.

But from May through July 2010, according to ISAF figures, SOF units launched 3,000 night raids – a 50-fold increase over the rate of only a year earlier – in which they reported killing nearly 1,100 Taliban “leaders” and “rank and file”.

A 10-fold increase in raids, which implied a similar increase in the size of the target list, could not have been carried out without a dramatic relaxation of the already very loose criteria for including someone on the JPEL, according to Matthew Hoh.

“Commanders are under pressure to find targets for these raids, because it has become a metric of success,” Hoh told IPS. He likened that broadening of the targeting criteria to the CIA’s getting much greater latitude on targeting of drone strikes in Northwest Pakistan in early 2008, expanding the target list from a handful of al Qaeda leaders to virtually anyone tangentially associated with either al Qaeda or the Taliban.

Hoh said one result of the frantic effort to expand the target list is bound to be an increased use of intelligence tips from individuals or tribal enemies.

That appears to have been a factor in the killing of President Hamid Karzai’s cousin, Yar Mohammad Karzai, in a night raid in the Karzai ancestral home in Kandahar province, Mar. 9. The raiders also took his son away with a black bag over his head.

Yar Mohmmad Karzai had told relatives repeatedly over the years that he feared that another cousin of the president’s, Hashmat Karzai, who had headed a large security firm for years and then ran unsuccessfully for parliament, would seek to arrange for a U.S. attack against him by planting false information with the Americans
*Shah Noori reported from Kabul. Gareth Porter is an investigative historian and journalist specialising in U.S. national security policy. The paperback edition of his latest book, “Perils of Dominance: Imbalance of Power and the Road to War in Vietnam”, was published in 2006.


Gareth Porter